Watanabe es un joven cuyo mejor amigo se suicida y años después se encuentra con la que fuera  el amor de la vida de su amigo. Ella está perturbada y él vive entumecido y adormilado hasta que descubre que puede amarla.

Profundamente melancólica y en ocasiones dolorosa. La película lleva un ritmo propio, ajeno quizá al deseo de entretener. Más que alguien contando su historia, me hace pensar en un recuerdo. Se ayuda de una dirección distanciada, y una fotografía que mezcla la luz y la obscuridad para representar a los personajes y como ninguno de ellos es enteramente sano o enteramente trastornado. Nunca he sido fan del cine japonés pero encontré que está película movió algo en mí, tal vez mi gusto por el cine que renace cada vez que algo interesante sale en pantalla o tal vez recuerdos que pensé que ya no tenía.  Tokio Blues es muy cinemática, casi no hay diálogos, se trata más bien, de dejar que la historia fluya a través de las diferentes escenas. Mi toma favorita es cuando el personaje principal está recargado en la pared de una piscina pública, dentro de la acción y totalmente ajeno a ella al mismo tiempo. Quizá esa sea la forma de resumir esta película. Vale la pena escuchar la música al final ya que bajo el contexto de la película, ayuda a crear el mismo efecto de melancolía y soledad.