En Cannes, se están llevando a cabo una serie de homenajes a mi director favorito: Stanley Kubrick.  Por esto yo lleve a cabo mi propio homenaje viendo Naranja Mecánica.  La premisa es muy simple ¿La maldad o la bondad son innatas o aprendidas? Una idea que Kubrick desarrolló en varios de sus proyectos, como en mi favorita de todos los tiempos Barry Lyndon, Casta de Malditos o Full Metal Jacket, por nombrar algunas.

Hoy, podemos ver Naranja Mecánica y resulta igual de impactante que en 1971. No sólo por la violencia a la cual de alguna u otra manera nos hemos acostumbrado en el cine, sino por la arte que hay detrás.  Kubrick le dio una forma muy simple, lineal, limpia, encuadres casi perfectos incluso en escenas con muchos personajes. En mi opinión ese es el punto que hace que Kubrick sea uno de los mejores directores de cine. Era capaz de contrastar su propio punto de vista (obsesivo, sobre cuidado, casi perfecto) con una historia y personajes llenos de defectos que rayaban en lo imperdonable. El contraste influye en estos dos aspectos, hace más terrible el comportamiento de Alex, mientras que la dirección de Kubrick parece más artística, con más sentido y llena de significado.

Kubrick es un artista, que logró comprometerse con su visión del arte, desde el guión hasta en cuál sala debía proyectarse su película. Su pasión por una historia, su compromiso con su trabajo y su obsesión con el detalle hacen que su obra siga  vigente y que continúe viéndose una y otra vez.

Por eso creo que todos los homenajes que le hagan y se dediquen a transmitir su obra a diferentes audiencias valen la pena.